Archivo por meses: junio 2014

Bin jip-Iron 3 y Suite Habana, la estética del dolor y la resignación en el silencio

Dos mundos, dos vidas, dos generaciones. Kim ki duk y Fernando Pérez.
Una península vertical partida en dos entre montañas de calor y frío. Un archipiélago horizontal donde sólo la brisa del mar es posible.

Kim de los sesenta agitados de rebeldía. Desde latitudes rurales y obreras llegó a la pintura, por eso la fotografía, y es que no puede haber imagen sin un trazo de acrílico, por decir algo, podría ser acuarela. Por eso cada espacio de tiempo se vuelve retoño, en aquella estación brilló la esperanza aunque no triunfó nada y sí. Evidentemente lo que recogió fueron los noventas caóticos que llenaron los ojos de incertidumbres y las mentes fueron zozobrando. Pero el espíritu desobediente de los astros de la mitad del siglo le dio anhelos para transmitir.

Fernando, nació un poco antes, no tanto que no se pueda recordar, pero suficiente para que todavía creciera entre gominas y cerradas formas. Le tocó participar-hacer las revoluciones viriles, aunque transitando asumió la propuesta del cambio mediante una crítica llena de tensión tediosa amorosa, ¿se entenderá? Parece no mover la vida, pero lleva en sí toda una intangible agitación.

Bin-jig nos trae una estética delicada, atravesada por la soledad, el no pertenecer. El amor transversaliza y acaba invadiendo toda la narrativa, dejando el sabor esperanzador, cuando amas todo es posible, un lugar común.

Tae-suk es el amor invisible, flota en el aire, pervive imaginariamente en sí y en sus fotografías con su eterna sonrisa, misteriosa y cínica, pero el cinismo no va con el amor, por eso diría que es astuta. Sun-hwa es el amor que hiere, la resignación del silencio, de pronto un grito de dolor. Mujer de porcelana que renuncia a ser y se deja llevar por el destino mediante una resistencia fundada en ese amor o quizás no, en su desamor.

Quise a Tae-suk. Poder amar en el etéreo, estar a tu lado mientras duermes, escuchar tu aliento, absorber tu olor, percibir tu rostro calmo, velar por tus fantasmas para hablarles de que existe eso que se llama amor. Sí, existe. Y que no me veas, quizás me divisas como aquel estar sin quedarse, tener sin pertenecer. Sólo sería el verso sutil de tu mirada, el que pasa y no permanece.

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Suite Habana es la ensoñación del hacer mediante el dolor. Una ciudad amanece, transcurre y anochece sin risas, aun cuando la risa es parte de esa mujer, la Habana. Historias sin historiadores, heroicidad sin virilidad, sufrir divagando en la vida cotidiana de comunes. Alguien cuida las gafas de Lennon en un parque, frente a él, se buscan respuestas en su mirada cubierta.

Desde Francisquito con 10 años, Iván, Norma, Waldo, Julio, Heriberto, Raquel, Jorge Luis, Juan Carlos, Amanda, Francisco, Ernesto hasta Natividad de 97 años, sueñan o no a cambiar algo o nada.

Paredes descascaradas, el café de la mañana, la soledad de la espera, sábanas blancas colgadas en los balcones –lugar común que no puede faltar porque es-, un grito de llamado a voz en cuello, el sepelio atado desde manos trabajadas, poner unas flores marchitas en aquella tumba gris, una carta de amor, otra de despedida, la salida, salirse de la isla –otro lugar común- y no saber del regreso, la televisión transmitiendo banderas autómatas, la mirada perdida, la desesperanza, una pitonisa de cartas-changó-santos, el sincretismo, el tedio cotidiano, y la ternura de una flor en la mirada de un niño, el único que ríe, puede reír, la vida es simple, es una flor, un beso, una canción, no hay futuro, sólo alegría de crecer en la inocencia de ser.

Cae la tarde, regresar a casa, preparar la noche o el nuevo día, en la resignación o con cierta nostalgia. Comida, brindar con agua natural el poder vivir, mirar la luna juntos desde la azotea porque no hay terrazas, todas han caído. Bailar, tocar el saxo, travestirse y cantar como mujer en el cuerpo del hombre que no fue, ya no, ser payaso-actor, pintar, el cigarro que se vuelve naranja en la noche oscura, el mar, siempre el mar. En la Habana todo empieza y termina en el mar, no hay opción.

Soñar, desde el dormir, soñar en llegar a las alturas, en cuidarte, en tener salud, en vivir estando muerto, en actuar en un gran escenario, viajar el mundo y regresar, siempre regresar, ser músico en la gran orquesta, ser actor, en tener cada noche un traje nuevo para bailar elegantemente, en ser el mejor bailarín, o no soñar nada, ya no tener sueños.

Suite Habana es todo esto y más. Es la dialéctica entre la escasez y la crítica, entre la sabiduría y el no tener, entre el amor y la desesperanza, entre los sueños y el desaliento.

Amo esa Habana profunda, esas mujeres y hombres cotidianos, esa tensión que cada vez que la toco hace que la contradicción sea yo misma. Amo cada paso, cada sol que quema, el mar calmo y fiero, los edificios corroídos, la gente que sueña con no estar y no puede irse porque se pertenecen. Amo esa génesis en la cercanía odiando ese no estar en la distancia.

Desde dos mundos diferentes, la estética del silencio, la resignación y un amor inconmensurable por la belleza y la desolación es lo que me lleva a unir a Kim y a Fernando. Quizás para los doctos es un sacrilegio la comparación. Pero yo sólo veía a Tae y pensaba en la suite de esta mujer que me colma, La Habana.

Y Lennon me mira de repente, a través de sus gafas custodiadas, me dice que él ya no puede irse tampoco, que ama ser bronce entre pájaros libres, que los observa a todos y todos lo observan y se deleita, se deleita ante tanta mágica realidad frustrada. Me pregunta, dónde has estado en estos tiempos, qué te acongoja, porque no has pasado a contarme historias, que supo que estuve en la loza de su muerte….me atormenta. Y sólo atino a decirle desde mis ojos estancados que vivo en la distancia, que creo en las utopías aún, que incluso a veces, lucho por ellas, que llevo la isla tatuada en el alma, pero que además, últimamente, sólo pienso en tí porque ando perdida en el laberinto de tus ojos.

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nadar III

Mi cuerpo se dibuja en el agua en rastro perfectible, siento como cada espacio intenta alcanzar el infinito sin encontrarlo, sin quererlo.
Cadencia sin música, hago dibujos en el agua con todo mi ser mientras estas letras se colorean en mi mente.
La soledad perfecta de quien disfruta cuerpo-alma, sin fragmentación, sin distorsión.
Éxtasis.
Vuelvo a casa, y como en la ida, sólo mis piernas son la vía, mi rostro se entretiene con una brisa cálida que se torna fresca, y el sol es tan tenue en esta ciudad de alturas que esbozo una sonrisa de satisfacción.
Llego a casa y te encuentro leyendo, siempre leyendo, aquellos mundos que no deseamos más pero que no te extinguen la alegría.
Tu pose segura y tu paz inconmensurable sólo me hacen amarte.
Te beso, te resistes ante las letras pero poco a poco vas cediendo ante mi lenta magnitud.
Tu mirada se entromete en mi mirada.
Tus manos recorren siluetas y sí, nos vamos amando.
El día apenas comienza y hemos absorbido el amor de una sola vez.
A veces nadar es mucho mejor de lo que parece.

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Para mis mujeres

Hoy es uno de esos días que lo cotidiano colma el cuerpo-alma.

Observo mi alma como agradece lo que más, lo que menos: tus manos posando en mi cuerpo junto a una sonrisa-beso de mañana a sabiendas del ajetreado día; la mano de un chico que desea limpiar mi parabrisas y ante mi negativa con sonrisa, me ofrece su mano en un gesto de caballero medieval, me pide favor, y con gusto accedo buscando unas monedas; una nube que dentro de mis ojos hace olas; un coche que se detiene con tranquilidad porque le has pedido el paso, el señor que todos los lunes me pregunta mi nombre para darme entrada y siempre me dice, es alumna ¿verdad?, sonrío juvenilmente, profesora, digo y así, un largo etc.

Son esas cosas cotidianas que llenan tanto porque las vemos, las tocamos, las sentimos.

Hoy me tocó cruzar toda la ciudad sin parapetos, para despedir a aquellos que transmiten su afecto mediante tristezas porque uno es su espacio de libertad, a otros, que agradecen la confianza, el dar sin más. Me acompaño en esa hora de camino por aquel que tantas veces nos cantó y aparece Judith.

Y se arremolinan los insigth, unos detrás de otros, me doy cuenta de ustedes, todas, cómo han sido condición en esta vida mía y yo ciega. Todas saltan como bailarinas, free style en mis ojos, y mi mente vuela a todos lados, a todo tiempo.

Aquellas que en mi descubrir el amor en la negritud sostuvieron mi espalda hasta el amanecer, cuando nos acompañábamos en aquellos inmensos pasillos, tiradas al piso, mirando el cielo. Leyendo a Balzac, Dostoyevski, Gorki, Ibsen, Vallejo, a instancias de aquel maestro que tanto nos endulzaba con su ternura. Oyendo a Silvio, o al que viniera a cantar, siempre alguien nos venía a cantar, y nos íbamos por flores y nos fugábamos y reíamos y tomábamos hasta morir, de amor, sólo amor.
La vida siguió, recuerdo la noche de velorios que nos acompañamos y todo fue risas, entre mesuras, porque una de ellas se había adelantado al tiempo, y lo contaba todo sin respingar, así no más, en la perplejidad. No siempre hubo risa, hubo lluvia sin estrellas, constelaciones rotas, soles apagados y juntas estuvimos. ¿Te acuerdas?
El mundo quizás dio diez veces o más su vuelta, caminos diferentes, pero ahí están, extremadamente eternas en mi andar.

Y aparecieron otras, que han tejido mis últimos pasajes, no por actuales menos robustos.
Intensidad de miradas, el frescor del cosmopolitanismo, féminas hasta el último cuarto de la segunda mitad, de sensibilidad sin sensiblerías, mariposas nahuatl que fueron guerreras, amazonas que emergieron de una playa, del desierto, semejanzas del amor. Y nos escribimos letras en la piel, las discutimos, las sufrimos, ahora con la pasión de la moderación. Rasgamos el aire entre sabores, nos sostenemos, y nos amamos.

En estos días, donde una estrella extraña despertó algo en mí, me he dado cuenta que ustedes siempre fueron mi umbral. Dormía ese mundo impetuosamente energético, vivaz, atrozmente femenino y lo tenía ahí, con todas ustedes.

Mis diosas de la luna fría, hoy me he dado cuenta que estoy llena de ustedes y sólo tenía que descubrirlo.
Que gusto tenerlas, pero de seguro, ese patriarca que tenemos todas dentro de este mare magnun fémino lo dice mejor. Judith es cualquiera de ustedes. ¡Cuiden sus estrellas para seguirlas teniendo¡

Pd: Todo el día esta misiva estuvo rodando en mi cabeza, como Judith, y he llegado a casa, sólo para escribírtela.

Letra de Judith, Silvio R Sigue leyendo

Manual para Juezas y Jueces sobre la protección de los derechos de las campesinas y campesinos

manual cloc

Libro Colectivo (2014)

Índice

Prólogo
Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones del Campo-La Vía Campesina – p.6

Presentación
Daniel Urrutia Laubreaux (Red Iberoamericana de Jueces) – p.8

Introducción
Maria Silvia Emanuelli (HIC-AL) – p.10

Capítulo I
Estudio preliminar. Los derechos humanos de los/as campesinos/as
Sofía Monsalve Suárez (FIAN Internacional) – p. 13

Capítulo II
Casos nacionales – p.26

Capítulo III

Casos frente al Sistema Interamericano – p.116

Anexo: Declaración de los Derechos de las Campesinas y Campesinos – p. 125

http://viacampesina.org/es/index.php/temas-principales-mainmenu-27/derechos-humanos-mainmenu-40/recursos-sobre-los-derechos-de-los-campesinos/1995-manual-para-juezas-y-jueces-sobre-la-proteccion-de-los-derechos-de-las-campesinas-y-campesinos

Descargar: Manual para Jueces y Juezas derechos campesinos

esta tarde

Lluvia golpea el rostro
delicadamente acaricia
frialdad, angustia, suspiro
el cuerpo se enfría, el alma hierve
la mente exhausta
escritos
pensamientos
sueños consumados y truncados
negros licores alienantes
risas liberadoras

Hacer el amor salvaje
exhaustivamente
querer al infinito y más
sin negociación
sin miramientos
el pecho al descubierto
las malezas expresadas
los besos leales engañosos
piadosamente armados

Un verso golpea la puerta
¿quién eres? ¿qué quieres?
no responde, entra
pasea por el andar de la desilusión esperanzada
emerge, pone su rostro de frente
aflora, sin el menor recato
autónomo, burlesco, se escribe solo
ante tanta libertad
lo tomo, se adueña de mis manos
hace que golpee estas letras
como prisión apresada
no se puede parar
a dónde van versos impúdicos, mentirosos
se escapan, desenfrenados
y no puedo evitar volver a escribir por tí.

 

Desnuda cual piecher

Nude with piecher, Pablo Picasso.