Muerte y palabras en alfombras violetas

Hace un año, sumergida en el stress del vivir en el alrededor una noticia me estremeció. Partía un verbo que tenía guardado en mi alma, me di cuenta que hacía mucho estaba desdeñado por el quehacer y la rutina.
Hace un año, justo hace un año, lloré al saber que te habías ido y la sensación, como siempre sucede ante la muerte, fue la de me faltó decirte que, aquel lugar, aquella voz, aquel gesto era locura o amor, o política o dolor.
El quiebre surgió y salí a andar, recordando mediante tu voz.
Desperté del letargo, la invisibilidad de las palabras, y comencé a escribir, escribirte. Empecé a dar voz a un verbo contenido y surgió este espacio.
Justo hace un año, en medio de primaveras jacarandosas y movimientos curvilíneos volvieron las letras, el deseo por ellas, su embelesamiento, y vi que no te escribía a ti, sino a mí, no era a ti a quién había olvidado, sino a mí, me había abandonado ante el mundo, y me movía la inercia del sentir.
La primavera revoloteó en lo femenino y volteó, dio medio giro y viajó. No se pudo contener, los vientos de cuaresma empujaron con dulzor, con aires de sexualidad expandida, y juego, y azar.
Hace un año, justo hace un año, salté del llanto por tu partida a la risa eufórica ante el disfrute de una ciudad malva, que me tomaba de la mano para correr.
Y corrí, entre la frase y la mirada, entre el desdén y el desamor.
Justo hace un año, miré con rubor ese olor jacarandioso de alfombras violetas que siempre llegaban cada marzo y yo desairaba por el automatismo y la faena. Y estuve en el mar, me empapé del salitroso sabor del vendaval cuaresmeño, y el perfume era rojo, mientras las alfombras naranjas flamboyanescas me decían, ¿recuerdas?, es la primavera, tiempo de escribir, mirar al infinito sin ver.
¿Cómo pudo el tiempo tener tanto verbo atrapado?
Y aquí está, desprendido de libertad, sin contención, con las miradas de nuevo en el pensar, sin fisuras, lleno de fortalezas, no rudas ni estáticas, dinámicas, continuas.
Justo hace un año comencé a escribir una novela sobre mi piel y hoy curtida de andar dichoso y herido, miro hacia atrás, recuerdo tu muerte, y veo que ha habido una reencarnación tuya en mis palabras.
Bello modo de partir, ante el renacer, viví, morí y he vuelto a surgir.

jacarandas

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