nadar III

Mi cuerpo se dibuja en el agua en rastro perfectible, siento como cada espacio intenta alcanzar el infinito sin encontrarlo, sin quererlo.
Cadencia sin música, hago dibujos en el agua con todo mi ser mientras estas letras se colorean en mi mente.
La soledad perfecta de quien disfruta cuerpo-alma, sin fragmentación, sin distorsión.
Éxtasis.
Vuelvo a casa, y como en la ida, sólo mis piernas son la vía, mi rostro se entretiene con una brisa cálida que se torna fresca, y el sol es tan tenue en esta ciudad de alturas que esbozo una sonrisa de satisfacción.
Llego a casa y te encuentro leyendo, siempre leyendo, aquellos mundos que no deseamos más pero que no te extinguen la alegría.
Tu pose segura y tu paz inconmensurable sólo me hacen amarte.
Te beso, te resistes ante las letras pero poco a poco vas cediendo ante mi lenta magnitud.
Tu mirada se entromete en mi mirada.
Tus manos recorren siluetas y sí, nos vamos amando.
El día apenas comienza y hemos absorbido el amor de una sola vez.
A veces nadar es mucho mejor de lo que parece.

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