Para mis mujeres

Hoy es uno de esos días que lo cotidiano colma el cuerpo-alma.

Observo mi alma como agradece lo que más, lo que menos: tus manos posando en mi cuerpo junto a una sonrisa-beso de mañana a sabiendas del ajetreado día; la mano de un chico que desea limpiar mi parabrisas y ante mi negativa con sonrisa, me ofrece su mano en un gesto de caballero medieval, me pide favor, y con gusto accedo buscando unas monedas; una nube que dentro de mis ojos hace olas; un coche que se detiene con tranquilidad porque le has pedido el paso, el señor que todos los lunes me pregunta mi nombre para darme entrada y siempre me dice, es alumna ¿verdad?, sonrío juvenilmente, profesora, digo y así, un largo etc.

Son esas cosas cotidianas que llenan tanto porque las vemos, las tocamos, las sentimos.

Hoy me tocó cruzar toda la ciudad sin parapetos, para despedir a aquellos que transmiten su afecto mediante tristezas porque uno es su espacio de libertad, a otros, que agradecen la confianza, el dar sin más. Me acompaño en esa hora de camino por aquel que tantas veces nos cantó y aparece Judith.

Y se arremolinan los insigth, unos detrás de otros, me doy cuenta de ustedes, todas, cómo han sido condición en esta vida mía y yo ciega. Todas saltan como bailarinas, free style en mis ojos, y mi mente vuela a todos lados, a todo tiempo.

Aquellas que en mi descubrir el amor en la negritud sostuvieron mi espalda hasta el amanecer, cuando nos acompañábamos en aquellos inmensos pasillos, tiradas al piso, mirando el cielo. Leyendo a Balzac, Dostoyevski, Gorki, Ibsen, Vallejo, a instancias de aquel maestro que tanto nos endulzaba con su ternura. Oyendo a Silvio, o al que viniera a cantar, siempre alguien nos venía a cantar, y nos íbamos por flores y nos fugábamos y reíamos y tomábamos hasta morir, de amor, sólo amor.
La vida siguió, recuerdo la noche de velorios que nos acompañamos y todo fue risas, entre mesuras, porque una de ellas se había adelantado al tiempo, y lo contaba todo sin respingar, así no más, en la perplejidad. No siempre hubo risa, hubo lluvia sin estrellas, constelaciones rotas, soles apagados y juntas estuvimos. ¿Te acuerdas?
El mundo quizás dio diez veces o más su vuelta, caminos diferentes, pero ahí están, extremadamente eternas en mi andar.

Y aparecieron otras, que han tejido mis últimos pasajes, no por actuales menos robustos.
Intensidad de miradas, el frescor del cosmopolitanismo, féminas hasta el último cuarto de la segunda mitad, de sensibilidad sin sensiblerías, mariposas nahuatl que fueron guerreras, amazonas que emergieron de una playa, del desierto, semejanzas del amor. Y nos escribimos letras en la piel, las discutimos, las sufrimos, ahora con la pasión de la moderación. Rasgamos el aire entre sabores, nos sostenemos, y nos amamos.

En estos días, donde una estrella extraña despertó algo en mí, me he dado cuenta que ustedes siempre fueron mi umbral. Dormía ese mundo impetuosamente energético, vivaz, atrozmente femenino y lo tenía ahí, con todas ustedes.

Mis diosas de la luna fría, hoy me he dado cuenta que estoy llena de ustedes y sólo tenía que descubrirlo.
Que gusto tenerlas, pero de seguro, ese patriarca que tenemos todas dentro de este mare magnun fémino lo dice mejor. Judith es cualquiera de ustedes. ¡Cuiden sus estrellas para seguirlas teniendo¡

Pd: Todo el día esta misiva estuvo rodando en mi cabeza, como Judith, y he llegado a casa, sólo para escribírtela.

Letra de Judith, Silvio R

No puedo dejarte de ver 
arañando el silencio con tus ojos 
tratando de decir algo que las palabras 
nunca hubieran dicho mejor. 
Aquella mirada 
era el resumen de la noche posado en tus ojos 
con su lluvia, su viento y tu miedo al mar 
y aquel sueño que te conté. 

No puedo dejarte de ver 
describiendo una estrella descubierta por mí 
en tu erótica constelación 
que no cabe en los mapas del cielo. 
Tu mano dibujando en el aire 
era capaz de ponerle colores 
al espacio vacío que se llenaba 
con la luz de la estrella brillante. 

Cuida bien tus estrellas, mujer 
cuida bien tus estrellas, 
cuida bien tus estrellas, mujer 
cuida bien tus estrellas. 
Cuida bien tus estrellas, mujer. 

No puedo dejar de decir 
que hay idiomas perfectos por descubrir 
y que son olvidados frecuentemente 
en el tedio del tiempo 
y hay que buscarlos, 
porque los barcos y las piedras 
tienen abecedarios mejores 
para demostrar que son bellos sencillamente 
sin palabras o esquemas. 

No puedo dejar de decir 
que esta triste canción a tu lado oscurece 
que quizás este sea el último misterio 
que mirarán tus ojos nacer de mis manos, 
pues es tarde quizás para mí 
y Caín me ha marcado sobre la frente 
pero quiero alertarte de un gran peligro 
y quisiera encenderte esta frase en la mente. 

Cuida bien tus estrellas, mujer 
Cuida bien tus estrellas 
Cuida bien tus estrellas, mujer 
y que nunca las pierdas.

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