The windy city III

The city woman

Andando

Camina de la mano de ella, como le gusta, caminar sin rumbo, andar y andar, fotografiar todo lo que es y lo que no, cientos de fotos, sólo pocas buenas, el ojo mira, la nikasha toma, el mundo es otro.

The city la llevaba a tientas, observa, flash, no habla, prefiere no hablar, sólo mirarla, respirar sus olores, quizás un susurro mental al oído, el lago, museos, el turismo, the modernity eat the modernity, la negritud, lo oriental, lo blanco, camina sin rumbo, junto al Michigan Lake, un mar de aguas dulces y limpias, frías.

Llega al Instituto de Arte, es parte del plan. Está sentada frente a Jackson Pollock, Greyed Rainbow, 1953, no puede creer que entre la inmensidad de pintajos predominantemente negro-blanco-gris-plata esconde un arcoiris entre naranja-amarillo-verde-azul-violeta. Expresionismo abstracto, eso es, no más. La mirada se va en cada trazo, se pierde, es remolino de paletazos, pincelazos, de pronto aparecen en el centro aquellas almendras cafés, el oeste de su corazón palpita, prefiere no pensar, decide continuar. Llega Warhol hablando de Mao, igual en 1953, -¿usted ama a Mao compañero, le podría preguntar al chico malo del pop art?- no responde, es sólo moda antitética, quiere estar contra todo y todos. ¿Por qué 1953? Año grande. Miró, Picasso, Chagall, Dalí, Giacometti, Matisse, Mondrian, no se puede hablar de todos, no son buenos los post largos. ¿Dónde pintan las mujeres, dónde estarán? Kandinsky, she love this paints. Improvisation no. 30, Painting with Troika, Painting with Green center, Houses at Murnau, Landscape with to Poplars. Ruso, pasión, lirismo abstracto, conjuga espiritualidad y pintura, psicología, de allí a la teosofía, -ni tan cercano en esta mente de mujer tan terrenal-. Toma un punto, lo hace línea, movimiento, colorido, hace música en el lienzo y se enamora de sus lienzos distantes en el tiempo y espacio, no sabe por qué.

Kandisky

Olvidó algo nuevamente, hacer check in antes de andar. The desk boy, con su blond and long hair la miró con cara de pocos amigos. Cambio de cuarto, menos mal que había reservado, menos personas, cuatro, entre ellas, otra chica de porcelana, pero es koreana, del sur, claro está. El inglés fluye porque no es de ellas. Conversan. Una media hora, quizás menos. Habla de su poca edad, que vino al mundo del norte a trabajar de chef, ya lo había estudiado, que estaba sola en Atlanta, un pueblo –dice-. I love Chicago, es tan movida, tan rápida. Ansiedad de nuevas generaciones. Le pregunta a ella qué hace, se asombra, oh teaching¡, pregunta su edad, se asombra más, asume que realmente es mucho más joven. Todos le dicen lo mismo, es alumna ¿verdad?, le dicen en la universidad donde trabaja. I’m a young soul, I know. Pero roza los cuarenta y le encantan. Comenta que no tiene reserva para el otro día, que tendrá que irse a otro lugar, la chica de porcelana dice con su cara llena de ternura, Oh, I miss you. OMG¡, cuánta necesidad de amor, le da pena tanta belleza y ternura a la vez, igual es tristeza acumulada, quién sabe. Le pidió su FB, cosa rara y simpática poner los nombres en alfabetos diferentes, descubrirlos, aunque ella eliminando barreras culturales se había construido un nombre occidental. Ella piensa que le gusta más su impronunciable nombre koreano, y el de ella, que es vietnamita.

Suenan mensajes, la chica de otros mundos sigue comentando su historia, una amiga desde lejos dice, ¡despierta, estoy muy preocupada, andas en un lugar sola y desconocido¡. Ella ríe, ríe, vuelve a reír. Es verdad, su cabeza no está centrada, pero es que su mente anda volando, así le gusta viajar, que sea lo que el destino quiera. Mientras, él ni se preocupa, sabe que ella siempre resuelve sus problemas, es lo que han previsto juntos, andar por el mundo sin tocarlo, no al stress, sólo andando a ver dónde de pronto se deja caer una sonrisa, quizás un amor y hasta un blues.

Decide salir. El hostal es cerrado, mejor caminar a buscar un café. Son las ocho de la noche, domingo, al menos un té, a esta edad el café de noche no deja dormir. Todo cerrado. The Loop’s closed completely. A blond presbyterian culture, #wtf.

Camina, vuelve a andar como siempre, en la calle, ellos, casi todos negros, se pasean junto a maryjane, el olor dulzón de la hierba inunda el ambiente frío de manera agradable. Piden dinero, miran extraviados, cristalizados, como si hubieran muerto antes que pudieran hablar, money please, i´m hungry. Piensa en la segregación marginal de los negros que llegaron a estos mundos, de como esta sociedad desecha personas, no los invisibiliza, los cosifica, son objetos de la alienación. No les hace mucho caso, porque preguntan y conversan y piden dinero, sigue camino sin destino y se tropieza con una esquina donde hay unos posters de blues.

Se acerca, vuelve a mirar, es un bar. Buddy Guy’s Legends. Duda si entrar o no, pregunta precio, ten box¡, le dice el guarda de la puerta, vuelve a dudar, y recuerda que el destino siempre depara los mejores momentos cuando menos lo esperas y lo buscas. Estas cosas siempre salen bien. Lo no previsto es la mejor opción. Pregunta con inocencia si es un buen lugar, la miran con asombro, Do you know a Buddy Guy’s?, No, responde. Do you know…repite el señor canoso y le da una revista con la programación, is blues, only blues¡. Le dice, this is the most famous blues bar of downtown in Chigaco city. Le da gracia su ignorancia, paga la entrada y se sienta al final del salón en una banqueta de bar, ya no hay sillas ni mesas, all full. Quería un trago, un whisky, para estar a tono, on the rock. La camarera no quiso atenderla, se acercó, no se entendieron y zas¡ dio media vuelta y never come back. Escucha y se deleita, un grupo, dos guitarras, un bajo, una batería, un saxo y una chica que canta como dios. Necesita un trago.

Siempre que hay una cámara por medio hay otros con cámaras que comienzan la conversación. Los partners de las fotos. Me cuidas el asiento?, please, my bag, ….Yes, dijo aquel hombre sesentón que después comentó que aquel era el mejor bar de blues de Chicago, que él era australiano. Traía una canon, ella prefiere la nikon, pero pueden dialogar. Tomaba y se movía en el asiento como bailando, gozaba la música, ella igual. En la barra pidió el whisky, intentó tomar el Glenfiddich 12 years old, pero el barman le recomendó otro. Suficientemente bueno para pasar la noche.

El blues se paseaba de manera perfecta por la sala, la abrazaba, la voz de mujer retumbaba con excelencia, un paraíso, ni soñado, la negritud, ritmo-sabor, the whisky on the rock se deslizaba por su garganta, no podría ser mejor, perfecto. Él le pregunta por la virtualidad, qué haces?, le cuenta, le envía fotos, pequeños sonidos, oh¡¡, que bien -le dice-, le da gusto su comprensión, a veces duda decirle estas cosas, pero siempre le sorprende su nivel de aceptación, como si le aliviara que ella vaya a estos lugares sin él, como si ella descargara esa energía que él no puede contener. Se sonríe ante tal especie. Termina el primer show, ha caminado toda la ciudad, ha disfrutado la música en soledad, el trago, su cuerpo, absorber este pedazo de musicalidad que la invade, la llena. Decide irse a descansar, al otro día hay que seguir andando. Su cuerpo-mente danza por todos los rincones entre el sax y la voz de aquella mujer, es un regocijo lento, tranquilo, inconmensurable.

Hoy escribe estas letras, recuerda el ambiente, el bar, se sirve un trago, no tiene whisky, opta por ron Santiago, hielo, la noche de verano defeña, y el B. B King sonando en la lap. Ella escribe para sí misma, disfruta su recuerdo y espera que estos se hagan realidad en el espiral de aquellos ojos. No habría nada más bello que mirarlos desde un blues de ¡oh my god baby!, ojalá así sea.

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